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Conductas saludables Lactancia materna

"Es más fácil construir un niño fuerte que reparar un hombre roto"

   Frederick Douglass (1817-1895)

La alimentación es un factor determinante de la salud y es en la primera infancia cuando se establecen los mecanismos de autorregulación metabólica y se adquieren los hábitos alimentarios, por lo que la forma en que se alimenten los niños tendrá repercusiones a corto, medio y largo plazo.

El  mejor inicio para el desarrollo físico y emocional del niño es la lactancia materna ya que favorece el establecimiento de un vínculo seguro y disminuye el riesgo de enfermedades durante la infancia y la edad adulta.

 

Las leches de fórmula son una alternativa segura pero carecen de los factores protectores de la leche materna por lo que en general los bebés y los niños alimentados con leche artificial parece que enferman con más frecuencia.

A partir de los seis meses la leche ya no cubre todas las necesidades del lactante y es necesario ir introduciendo progresivamente pequeñas cantidades de alimentos de origen animal y vegetal.

La introducción de la alimentación complementaria es una fuente de nuevas experiencias para el niño (olores, sabores, texturas...), no solo es importante la variedad, calidad y cantidad de los alimentos sino también dónde, cómo y quién alimenta al niño. Respetar su apetito, darle autonomía progresivamente y hacer que las comidas sean momentos agradables son factores esenciales para establecer hábitos adecuados y prevenir problemas de relación con la comida (obesidad, anorexia, fobias...).

Durante el segundo año de vida el niño se irá incorporando progresivamente a la dieta familiar, los padres y los hermanos mayores serán sus referencias, por lo que es importante que toda la familia siga una dieta saludable. Este puede ser un buen momento para valorar y mejorar, en caso de que sea necesario, los hábitos alimentarios de toda la familia.