Salud A-Z Insuficiencia cardiaca

La insuficiencia cardiaca es la incapacidad del corazón para bombear sangre al resto del organismo.

Cuando por cualquier razón el corazón empieza a fallar y lo hace progresivamente, el organismo lo detecta y pone en marcha mecanismos de compensación, por lo que muchos pacientes inicialmente no perciben síntomas. Entre los principales mecanismos de compensación se encuentran la taquicardia en situación de reposo (al no bombear suficiente sangre el corazón aumenta el número de latidos por minuto) y el aumento del tamaño del corazón para conseguir contracciones más fuertes (por este motivo los enfermos con insuficiencia cardiaca suelen tener un aumento del tamaño del corazón).

Estos mecanismos son eficaces durante cierto tiempo, pero finalmente llega un momento en el que comienzan a aparecer los síntomas de insuficiencia cardiaca. Los primeros síntomas se manifiestan cuando el paciente se somete a cualquier situación en la que es necesario un aumento del bombeo del corazón, como hacer ejercicio o llevar a cabo actividades físicas que antes toleraba bien.

Síntomas de insuficiencia cardiaca

Los síntomas que habitualmente relata el paciente en la consulta son:

  • Disnea, sensación de falta de aire, inicialmente al realizar un esfuerzo físico, caminar deprisa o subir escaleras, pero poco a poco los episodios se hacen más intensos y aparecen al realizar cualquier tarea, como vestirse o asearse, e incluso en reposo.
  • Ortopnea, dificultad para respirar cuando se está tumbado, de manera que el enfermo duerme con dos o tres almohadas o incluso sentado.
  • Astenia, cansancio muscular debido al bombeo insuficiente de sangre.
  • Edema, hinchazón de las piernas motivada por la retención de agua y sal.
  • Oliguria y nicturia, disminución de la cantidad diaria de orina y necesidad de orinar por la noche.
  • Otros síntomas de la insuficiencia cardiaca son: sensación plenitud gástrica, molestias intestinales, hinchazón abdominal y de las venas del cuello, dolor en el lado derecho del abdomen, palpitaciones, mareos o falta de apetito.

La insuficiencia cardiaca puede afectar a la calidad de vida del paciente y limitar sus actividades cotidianas debido a la fatiga y los problemas para respirar. La enfermedad no cursa de manera lineal, es decir, hay periodos en los que el paciente permanece estable y otros en los que aparecen descompensaciones que hacen necesario el ingreso en el hospital.

Causas de insuficiencia cardiaca

La causa más común de insuficiencia cardiaca es la enfermedad coronaria, como la angina de pecho y, especialmente, el infarto de miocardio. Otra causa habitual es la hipertensión arterial, que debe ser detectada y controlada a tiempo para prevenir y evitar el desarrollo de insuficiencia cardiaca. También las enfermedades del músculo cardiaco (miocardiopatías), que pueden ser idiopáticas o primarias (de causa desconocida) o secundarias a ciertas enfermedades como la diabetes, el consumo de alcohol o las miocarditis (inflamación del músculo cardiaco). Por lo general, estas enfermedades originan una miocardiopatía dilatada, una dilatación progresiva del corazón debida a un adelgazamiento y debilitamiento de sus paredes. En algunas ocasiones, como en la miocardiopatía etílica o en la miocarditidis, la situación puede volver a la normalidad si cesa la causa que la originó. Asimismo pueden provocar insuficiencia cardiaca las enfermedades de las válvulas y las arritmias. Hay situaciones que provocan un aumento de la demanda de sangre a bombear y en ocasiones un corazón sano tampoco es capaz de atenderlas. Esto ocurre por ejemplo con la anemia, las infecciones generalizadas, las enfermedades de tiroides, las fístulas arteriovenosas o algunas carencias vitamínicas.

Prevención y medidas generales de tratamiento

Existen medidas eficaces para retrasar la progresión de la insuficiencia cardiaca, mejorar la calidad de vida y la capacidad de esfuerzo y prolongar la supervivencia:

  • Modificar los hábitos de vida. Eliminar la sal de las comidas, incluidos los alimentos que contienen sal en exceso como las conservas, alimentos precocinados, aceitunas, frutos secos, salazones, jamón serrano y embutidos. Realizar varias comidas al día ligeras, en lugar de pocas y copiosas. Limitar la ingestión de líquidos a no más de 1,5 litros al día en total (sumando agua, zumos, café, sopa, fruta, verdura). Realizar ejercicio físico regular, como caminar entre media hora y una hora al día.
  • Tratar la causa que produce la insuficiencia y seguir el tratamiento que prescriba el cardiólogo para que el corazón trabaje más descansado y para eliminar el exceso de líquido acumulado en el organismo.

Hay pacientes que a pesar de un tratamiento correcto continúan con síntomas, tienen una función cardiaca muy disminuida y alteraciones en el electrocardiograma. En estas circunstancias el cardiólogo valorará la necesidad de implantarles unos dispositivos especiales para mejorar los síntomas (marcapasos tricamerales) o para disminuir la probabilidad de muerte súbita (desfibriladores implantables).

En la fase final de la enfermedad, si el paciente no mejora con todos los tratamientos previos, se podría plantear, según la edad y la presencia de otras enfermedades o complicaciones, el trasplante cardiaco o la implantación de un dispositivo de asistencia circulatoria, también conocido como corazón artificial.

¿Cuándo consultar a los profesionales sanitarios?

  • Si aparecen síntomas de insuficiencia cardiaca y el paciente no está diagnosticado.
  • Si empeoran los síntomas habituales de cardiopatía con insuficiencia cardiaca (fatiga con menores esfuerzos o de reposo, necesidad de aumentar el número de almohadas para dormir, aumento del hinchazón en las piernas, aumento de la talla de pantalón...).
  • Si comienzan las palpitaciones, mareos o desmayos.
  • Si la tensión arterial está permanentemente muy elevada.
  • Si en un paciente con insuficiencia cardiaca diagnosticada la tensión arterial cae por debajo de 90/60 y esto se acompaña de mareos.

 

Editor: Escuela Cántabra de Salud.
Última modificación: 28/05/2015
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