Conductas saludables Buscar y consumir setas

Solo en la Península Ibérica están catalogadas unas 1.500 especies de hongos superiores, de los cuales unos cien contienen sustancias tóxicas más o menos potentes. Alrededor del 90% de las muertes por intoxicación con setas se debe a las amanitinas, presentes en Amanita phalloides, Amanita virosa, Amanita verna, Amanita gemmata y algunas especies de los géneros Galerina y Lepiota, como Lepiota brunneoincarnnata.

 

Los habitantes de las grandes ciudades suelen carecer de conocimientos suficientes para identificar las setas, y además no tienen la precaución de las sociedades rurales, tradicionalmente micófobas. Por ello es relativamente frecuente ingerir ejemplares mal identificados o confundidos con setas comestibles.
El retrato robot del intoxicado por setas es un adulto que toma las setas en otoño, durante el fin de semana y en grupo.

ALGUNAS MENTIRAS Y MITOS SOBRE LAS SETAS

  • Existe un antídoto para las amanitinas que se puede tomar inmediatamente como un remedio milagroso, de acuerdo con algunas páginas de internet.
  • Para descartar una seta venenosa es útil la cucharilla de plata, el ajo o la cebolla.
  • La seta se vuelve tóxica si pasan cerca erizos o serpientes.
  • Las setas pierden la toxina con vinagre o sal.
  • Si están mordidas por animales son comestibles.
  • Las setas tóxicas tienen un sabor desagradable y las comestibles no.

UNAS MEDIDAS PREVENTIVAS BÁSICAS:

  • No permitir que los niños manipulen las setas.
  • No coger setas alteradas por parásitos o heladas, puesto que su identificación se hace difícil al cambiar algunos rasgos característicos. En la foto, Amanita cesarea, comestible y excelente, y Amanita muscaria, seta tóxica que por las condiciones climatológicas se ha vuelto anaranjada y ha perdido las escamas.
  • No dejar setas tóxicas cerca de las comestibles. Algunos de los casos registrados se deben a cocinar las setas tóxicas guardadas en la nevera por una persona distinta a la que las recogió y guardó para su posterior estudio.
  • Revisar todos los ejemplares y tirar los trozos sueltos difíciles de identificar.
  • No comer especies mezcladas, ni setas crudas o poco cocinadas.
  • No ingerir más de 250 g de setas a la semana. Las setas en grandes cantidades, aunque sean comestibles, son bastante indigestas.
  • Dejar algún ejemplar en la nevera por si fuera necesario estudiarlo.
  • No comer setas no identificadas perfectamente. Es posible conocer bien algunos tipos de setas comestibles pero en general, no son suficientes las nociones básicas adquiridas en cursillos divulgativos o en Internet para clasificar adecuadamente cualquier especie de seta.

Datos importantes a aportar al Servicio de Información Toxicológica o al servicio médico:

  • Qué setas se han consumido o cuáles se cree que se han tomado
  • Información sobre el hábitat donde se recogieron
  • Preparación que se hizo de las setas
  • Número de veces en que se ingirieron las setas
  • Síntomas presentes y tiempo transcurrido desde que se ingirieron las setas
  • Cuántas personas las consumieron
  • Si se tomaron otros alimentos o alcohol
  • Aportar restos del guiso o de setas no consumidas (en envase de papel, evitar el plástico)

ADVERTENCIA:

La información contenida en este artículo no sustituye al consejo dado por vía telefónica, 91 562 04 20 (información telefónica y emergencias toxicológicas).

Editor: Escuela Cántabra de Salud.
Basado en documentos del Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses
Última modificación: 31/10/2014
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